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Reproducción asistida, un empujón a la naturaleza
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Los tratamientos de reproducción asistida ofrecen soluciones para la mayoría de problemas de infertilidad, los cuales afectan a 15 de cada 100 parejas en Guatemala. Estas prácticas motivan opiniones diversas que enfrentan al gremio científico con los defensores de la ley natural.
Una nunca sabe cuándo le va a llegar”, dice *Regina refiriéndose a la experiencia del matrimonio que, para ella, llegó a los 39 años de edad. La felicidad de aquella esperada unión fue empañada por dos abortos espontáneos y el posterior descubrimiento de obstrucción en las trompas de Falopio, infructuosamente tratado con cirugía, circunstancias que condujeron a la temida conclusión: Regina no podría tener hijos.
Frustrada, pero incapaz de resignarse, Regina siguió el consejo de familiares que le hablaron de un centro de reproducción asistida. Las posibilidades eran pocas, pero junto a *Arturo, su esposo, decidió agotar los recursos.
Su edad -41 años- era el factor principal que Regina tenía en contra, según explica Haroldo López, médico especialista en reproducción humana: “La mujer alcanza su máxima capacidad reproductiva a los 24 años, luego declina, pero se reduce significativamente después de los 35”. Superada esta edad se incrementa, también, el riesgo de anomalías congénitas para el bebé.
Además de la edad, como factor en sí misma, los médicos identifican como causas frecuentes de infertilidad en la población femenina guatemalteca: la obstrucción de trompas de Falopio, ovarios poliquísticos, adherencias pélvicas y anovulación. A éstas se suma el factor masculino que constituye cerca de un 35 por ciento y tiene como diagnósticos frecuentes: índice bajo de espermatozoides, poca movilidad o ausencia de los mismos, según refiere Juan Francisco Solís, especialista en reproducción humana.
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Según la edad y la necesidadDe haber tenido menos edad y un historial médico distinto, Regina habría podido someterse a los dos tratamientos previos a la fertilización in vitro que los centros de reproducción asistida ofrecen: coitos programados e inseminación artificial. “Según la edad de la paciente, los coitos programados se realizan durante un período de tres a seis meses -a más edad, menos tiempo de prueba- ”, señala Luis Pedro Rossal, médico especialista en reproducción humana.
Este tratamiento incluye, por lo general, el uso de inductores de la ovulación, el monitoreo folicular mediante ultrasonido y la programación puntual de los encuentros sexuales de la pareja.
De no lograrse un embarazo, el siguiente paso es la inseminación artificial. Ésta se practica en un número máximo de cuatro intentos, según refiere Rossal. El tratamiento puede realizarse con semen de la pareja de la paciente o de un donador anónimo. La técnica también requiere hiperestimulación ovárica -mediante inyecciones- que permite la producción de varios óvulos en ambos ovarios y en un mismo ciclo para potenciar aún más la fecundación.
Al no obtenerse resultados positivos, el recurso final es la fertilización in vitro. Solís estima que 15 de cada 100 parejas en Guatemala tienen problemas de fertilidad, pero sólo un 20 por ciento de ellas agota los procesos llamados de baja complejidad sin éxito y requiere un tratamiento in vitro.
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Amor y cienciaDe padre cubano y madre guatemalteca, *Graciela nació en el año 2004 mediante un tratamiento de fertilización in vitro. Aunque radican en Miami, sus padres decidieron realizar el tratamiento en un centro de reproducción asistida de Guatemala debido a que el costo es aproximadamente tres veces menor que el de un centro en los Estados Unidos y las posibilidades de éxito son equiparables.
Sin marco legalActualmente existe en la comisión de salud del Congreso de la República una iniciativa de ley (2976) para prohibir la clonación humana en Guatemala. Además de proponer la autorización de procedimientos de clonación terapéutica, no reproductiva, a partir de células troncales presentes en tejidos y órganos adultos (Artículo 4), ésta propone autorizar el uso de embriones congelados que se encuentran almacenados, legal y debidamente autorizados, en los centros de fertilización in vitro para producir células madre (sic).
Este intento resulta absurdo en virtud de que no existe ningún instrumento legal que regule el manejo de embriones en centros de fertilización in vitro. “Estamos en tierra de nadie”, comenta Haroldo López, especialista en reproducción humana. “No hay ninguna ley para congelar embriones y ¿quién garantiza que lo que se está haciendo se hace científicamente bien?”, agrega. Para Luis Pedro Rossal, también médico especializado, “es ridículo tratar de prohibir el paso último, cuando no existe nada que reglamente el procedimiento inicial”.
Los detractores de estas prácticas advierten lo estipulado en el artículo 3 del capítulo I, título II, de la Constitución Política de la República de Guatemala, como base para prohibir el manejo de embriones en laboratorios: “El estado garantiza y protege la vida humana desde su concepción, así como la integridad y la seguridad de la persona”. El artículo uno del Código Civil establece: “la personalidad civil comienza con el nacimiento y termina con la muerte; sin embargo, al que está por nacer se le considera nacido para todo lo que le favorece (...)”
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Punto de partida El Código Penal contempla sanciones para quienes realicen inseminación forzosa o fraudulenta (Artículos 224 “A” y 225 “A”). El artículo 225 “C” se refiere a la experimentación y establece sanciones para quien “aun con el consentimiento de la mujer, realizare en ella experimentos destinados a provocar su embarazo” y aclara: “No se consideran experimentos los diversos intentos para procurar el embarazo, que se realicen conforme a una técnica ya experimentada y aprobada”.
Vivian Ivón López, licenciada en ciencias jurídicas y sociales, señala en su tesis La fertilización in vitro en el derecho comparado y su regulación en Guatemala, que “este artículo (225 “C”) es aplicable a la materia de la técnica de fertilización in vitro y debe tenerse en cuenta al desarrollar las normas que regulen la aplicación de la misma y sus efectos”.
Algunos centros de reproducción asistida de Latinoamérica están certificados por la Red Latinoamericana de Reproducción Asistida, que fiscaliza a los profesionales afiliados mediante visitas cuasisorpresivas.
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| Un estudio realizado en Guatemala en 1986 reveló que anomalías asociadas a enfermedades de transmisión sexual, constituían más del 50 por ciento de causas de infertilidad. | Si no se logra....Enterada de los riesgos, Regina aceptó un tratamiento de fertilización in vitro. Las implicaciones emocionales le fueron expuestas por una psicóloga. “Nos dijo que de no lograrse el bebé, también lo tendríamos que aceptar”, recuerda. De acuerdo con Rossal, esta técnica eleva la tasa de fecundación en un 75 u 80 por ciento y de embarazo en un 45 por ciento.
Otro importante aspecto que la pareja debió considerar fue la inversión requerida: más de US$5,000 sin contar los costos del parto.
Al iniciar el mes de diciembre de 2004 a Regina le fueron administradas gonadotropinas, para provocar una hiperproducción ovárica. En lugar de un óvulo correspondiente al ciclo regular, se obtuvieron siete. Estos fueron aspirados mediante el uso de una aguja adosada a la sonda del ultrasonido vaginal y transferidos a un tubo de ensayo.
El mismo día fue requerida la muestra de semen de Arturo y ambos elementos fueron depositados en tubos de ensayo y colocados en una incubadora especial. “Hablamos de aproximadamente 200,000 espermatozoides por cada ovocito”, señala López.
El programa de fertilización in vitro que Regina y su esposo siguieron puede variar, según las características que cada caso presenta. Una de estas variantes es que el semen provenga de un donador anónimo, cuando la pareja de la paciente presente ausencia de espermatozoides en el semen.
Otra modalidad es la técnica de inyección del espermatozoide en el óvulo, conocida como ICSI (Inyección intracitoplasmática de espermatozoides). Esta permite introducir en el óvulo un espermatozoide normal, pero incapaz de penetrarlo por sí mismo. Antiguamente la solución para estos cuadros era la donación de semen.
Una posibilidad más da esperanza a parejas con infertilidad combinada, es decir, que tanto la ovulación de la mujer como la producción o calidad de espermatozoides en el hombre son deficientes o nulas. Se trata de fertilización in vitro con embriones donados. De acuerdo con Rossal, la pareja que recibe el embrión otorga una compensación económica a los donantes, de manera indirecta, pues no llegan a conocerse personalmente.
Utilizar un vientre de alquiler es la sugerencia final que reciben las mujeres, cuyo útero es incapaz de soportar un embarazo. En estos casos, el embrión puede haber sido formado con gametos de la pareja o de donadores.
Una variante más de la fertilización in vitro se relaciona con el día en que se transfieren los embriones al útero. Las opciones son: hacerlo en el día tres o en los días cinco o seis. Para Rossal, la segunda opción tiene ventajas importantes: “La principal ventaja es asegurar la calidad del embrión: en el día tres se da la activación del genoma y cuando genéticamente no es bueno, no sobrevive”.
De acuerdo con Solís, no existe diferencia significativa entre realizar la transferencia en día tres o en día cinco. Una desventaja es que el costo del tratamiento se incrementa al postergarse la implantación.
Final felizEl 19 de diciembre de 2004, a Regina le fueron transferidos cuatro de los siete embriones, los mejores, a criterio del médico tratante. Solamente uno de éstos logró adherirse y continuar su desarrollo. El número de embriones transferidos es directamente proporcional a la edad de la paciente: “Cuanto más joven es, menos embriones se transfieren”, indica Rossal.
El embarazo de alto riesgo que Regina vivió, concluyó el 31 de agosto cuando, por medio de una cesárea, nació un hermoso niño que midió 49 centímetros y pesó 7.5 libras.
Regina y su esposo no han decidido aún el destino que tendrá el resto de embriones fecundados. Por ahora, éstos se encuentran congelados en un tanque de nitrógeno líquido. La congelación permite conservar los embriones no transferidos, para ser utilizados en un segundo o tercer intento y obviar la fase inicial del proceso.
“Los embriones son propiedad de la pareja y ellos deciden si se congelan, se donan o se descartan”, anota Solís. Las parejas firman un consentimiento mediante el cual se dispone el destino de los embriones en caso de divorcio o muerte de uno de los miembros. La congelación requiere un pago anual de aproximadamente US$300 y, según reglamentos internacionales, puede durar un máximo de cinco años.
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Nuevas esperanzasUno de los avances más recientes en la fertilización in vitro es el diagnóstico genético preimplantatorio. Éste, explica Luis Pedro Rossal, médico especialista en reproducción humana, consiste en realizar una biopsia de una célula del embrión en el día tres. “Se hace un estudio genético cuyo resultado se obtiene en dos días y permite determinar anomalías genéticas y el sexo”, señala. De acuerdo con el especialista, este método es especialmente útil cuando existe un récord de abortos a repetición. Esta posibilidad ya se ofrece en Guatemala, pero la biopsia es enviada al extranjero, lo cual hace que el costo se incremente significativamente.
La ingeniería genética también ha abierto la posibilidad de procrear hijos sanos a hombres con VIH y/o hepatitis C. Un minucioso estudio genético permite descartar que las células -en esperma- contienen el virus. Durante el embarazo la mujer recibe tratamiento retroviral. El riesgo para ella es de 30 por ciento y de menos de 5 por ciento para el bebé.
En la actualidad, parejas guatemaltecas pueden optar por este recurso, pero deben viajar al extranjero. Los costos son altos.
La discusión respecto de los procedimientos artificiales en la reproducción humana, continúa teniendo como principales actores a las comunidades científica y religiosa, así como a grupos de expertos en bioética. El debate gira invariablemente entorno a la pregunta: ¿cuándo inicia la vida de un ser humano?; y abarca como temas puntuales la creación de embriones, su uso en experimentos -particularmente como proveedores de células madre- y su eventual eliminación.
Sergio Checchi, sacerdote salesiano y catedrático universitario de filosofía, afirma que “la fe no desprecia la ciencia, pero es defensora de la ley natural y, por tanto, de la persona humana”. Checchi cita al científico Angelo Vescori involucrado en el debate surgido en Italia en el marco del referéndum, para modificar la ley de reproducción asistida: “En el momento de la concepción es creada la primera célula que contiene el patrimonio genético de un ser humano irrepetible. El desarrollo se ha iniciado y, en adelante, el proceso es continuo”.
“El dilema está en el manejo de embriones, porque estamos hablando de seres humanos cuya dignidad debe ser respetada”, anota See King Emilio Quinto, psiquiatra y presidente de la comisión de bioética del Colegio de Médicos. El psiquiatra cita el Código Deontológico del Colegio de Médicos que, en su artículo 85, señala: “No es moral ni ético admitir la existencia de un período en el cual la vida carece de valor”.
En opinión de Checchi, el derecho a la identidad también es violado cuando a un niño se le niega el conocimiento de su procedencia real -embrión o gametos de donadores anónimos-.
Aunque los opositores más radicales han tratado de revertir la naturaleza de la encíclica de Juan Pablo VI a la anticoncepción artificial para aplicarla a la reproducción asistida en todas sus formas, Checchi habla de cierta flexibilidad ante la inseminación artificial cuando ésta es homóloga, es decir, que el semen proviene de la pareja de la mujer y no de un donador.
Esperanza en salud públicaTan desesperada como Regina estaba Ruth, una cultora de belleza de 30 años de edad que llegó al hospital San Juan de Dios en 2003 con un fuerte dolor de ovarios. En 11 años de vida matrimonial, Ruth no había logrado un embarazo, a pesar de no haber utilizado nunca un método anticonceptivo.
En la consulta externa le diagnosticaron quistes ováricos, pero no fue sino cuando llegó a la clínica 10 de dicho centro hospitalario, cuando conoció la verdadera razón de su dolor y su infertilidad: no estaba ovulando. “Generalmente realizamos estudios básicos de fertilidad con ultrasonido, análisis hormonales y estudio de la pareja”, indica Rodolfo Robles, ginecólogo especialista en endocrinología reproductiva y jefe de la clínica de fertilidad del Hospital San Juan de Dios, único centro de salud pública que ofrece ayuda en este sentido a mujeres de bajos recursos.
Ruth fue tratada mediante la administración de un estimulador ovárico y la programación de coitos. “Esperaba mi menstruación el uno de septiembre y no la vi”, cuenta emocionada mientras muestra una impresión del ultrasonido que confirmó su embarazo de 10 semanas.
De acuerdo con Robles, más del 50 por ciento del total de pacientes que llega a esta clínica desea revertir una cirugía de esterilización. “Realizamos cerca de cinco cirugías de recanalización de trompas al mes”, agrega. Se trata de mujeres, entre 22 y 40 años o más, que cambian de pareja y desean procrear más hijos. La posibilidad de éxito de este procedimiento es de aproximadamente 60 por ciento.
La clínica de fertilidad también ofrece el tratamiento de inseminación artificial, aunque éste se realiza parcialmente en centros privados que conceden precios de costo a las pacientes referidas.•
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