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Mami, quiero ir al baño El proceso de abandonar los pañales marca un importante paso hacia la autonomía de los niños. Si desconoces cuándo y cómo debe darse este aprendizaje, tienes que saber que paciencia, conocimiento y mucho amor son parte de la fórmula.
Junto con el entrenamiento para dejar los pañales, debe producirse la formación de hábitos tales como: • Iniciar el entrenamiento para dejar los pañales durante le época de verano, pues durante la temporada fría, los niños orinan con mayor frecuencia y es más difícil predecir el momento de las evacuaciones. Tu hijo tiene cerca de dos años y comienzas a preguntarte si es tiempo de cambiar los pañales por calzoncitos. “Todavía es muy pequeño” opinan tu suegra y tu madre y tú estás de acuerdo. Pero... Juanito, el hijo de tu mejor amiga, tiene la misma edad y ya avisa para ir al baño.
Adquirir un inodoro portátil o de entrenamiento. Éste debe ser fácil de transportar “para que esté siempre donde está el niño, así aprenderá a identificarlo”, señala Bolaños. Aunque algunos pequeños piden utilizar el inodoro de los adultos y aprenden a hacerlo con ayuda de adaptadores, De Castillo explica que es preferible un baño pequeño, pues al tener los pies en el suelo el niño se siente más seguro. También es conveniente comenzar a utilizar pañales de entrenamiento que se suben y bajan fácilmente.
El segundo paso, dice Bolaños, es motivar al niño a sentarse con ropa en el baño portátil. “Comenzará a relacionar el baño con el momento de orinar o defecar, pero debe explicársele que lo utilizará cuando esté listo”. Lilian Pérez, psicóloga, sugiere el método de la modelación: “Uno de los padres, idealmente el del mismo sexo, puede colocar el inodoro del niño a la par del de los adultos y sentarse al mismo tiempo. Si hay un hermanito, también puede ayudar como modelo”. Esto debe realizarse una o dos veces al día durante cuatro o cinco días. Iniciado el entrenamiento con ropa, debe preguntarse al niño si se siente preparado para sentarse en el baño portátil sin pañal. Debe permitírsele estar ahí durante algunos minutos aun cuando no haga nada. “El irá asociando: esto se hace todos los días y todas las veces que se necesita”, indica Bolaños.
“Cuando vuelva a defecar debe llevarse el pañal al baño del niño y llevarlo a él para que vea y entienda que este es el lugar para lo que está en el pañal”, explica el pediatra. Las psicólogas recomiendan aprovechar la presencia de algunos juguetes, para explicarle que tanto los seres humanos como los animales necesitan orinar y defecar.
Siguiendo el horario habitual, debe preguntarse al pequeño si está listo para ir solo hasta el inodoro portátil, bajar su pañal y sentarse. También puede dejársele sin pañal unos minutos antes. “Cuando sienta que el esfínter se está dilatando por la presencia de las heces, buscará solo el baño, indica Bolaños. Además, “el hecho de dejarlo sin pañal, es un acto de confianza que él también valora”. Aprender a controlar los esfínteres por la noche es un proceso que, usualmente, toma más tiempo por lo cual es conveniente mantener el uso del pañal durante unos días más. De Castillo aconseja hablar con el niño: “‘hoy no te voy a poner pañal. Me avisas si necesitas ir al baño’. Al principio, habrá accidentes, pero poco a poco irá logrando control”. La educadora enfatiza que una vez iniciada esta fase, no debe volvérsele a poner pañal por las noches. La exigencia de los padres en cuanto al momento de comenzar a utilizar el inodoro, puede tener efectos negativos. “Si se le presiona, al ver el baño, el niño experimenta ansiedad y es probable que no pueda ‘hacer’ nada mientras está ahí”, señala Rodríguez. Pérez cita la teoría freudiana que plantea: “un mal manejo de la etapa anal, la cual se produce de los dos a los cuatro años de edad, puede causar traumas y marcar su carácter de por vida”. Por lo general, los niños aprenden a controlar sus esfínteres antes de los tres años de edad. Cuando, cumplidos los cuatro años, no se logra avances en este sentido, es necesario realizar evaluaciones para identificar causas. Estas pueden ser de carácter emocional o físico. En el plano emocional, los niños pueden ser afectados por situaciones de estrés tales como maltrato, violencia intrafamiliar, separación de los padres, la llegada de un hermanito o un cambio de vivienda. “Los padres deben referirse a los órganos genitales llamándolos por su nombre correcto. El tono de voz y la expresión corporal deben ser relajados”. Lili Beteta Otros artículos en esta sección Notas de esta edición |