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Mami, quiero ir al baño



El proceso de abandonar los pañales marca un importante paso hacia la autonomía de los niños. Si desconoces cuándo y cómo debe darse este aprendizaje, tienes que saber que paciencia, conocimiento y mucho amor son parte de la fórmula.

Hábitos saludables

Junto con el entrenamiento para dejar los pañales, debe producirse la formación de hábitos tales como:

• Lavarse las manos cada vez que utiliza el inodoro.
• Limpiarse por sí mismo, después de los cinco años de edad. En el caso de las niñas es importante enseñarles que la limpieza debe realizarse de adelante hacia atrás, para evitar infecciones.
• Consumir suficiente fibra y agua pura para facilitar las evacuaciones y prevenir problemas de estreñimiento.

Los expertos recomiendan

• Iniciar el entrenamiento para dejar los pañales durante le época de verano, pues durante la temporada fría, los niños orinan con mayor frecuencia y es más difícil predecir el momento de las evacuaciones.
• Si la familia va a mudarse a otra casa u otra ciudad, esperar a que el niño se adapte a la nueva vivienda para iniciar el entrenamiento.
• Utilizar, durante la enseñanza, ropa que pueda ser fácilmente manipulada por el pequeño, zapatos fáciles de lavar y un cobertor aislante para la cama.

Tu hijo tiene cerca de dos años y comienzas a preguntarte si es tiempo de cambiar los pañales por calzoncitos. “Todavía es muy pequeño” opinan tu suegra y tu madre y tú estás de acuerdo. Pero... Juanito, el hijo de tu mejor amiga, tiene la misma edad y ya avisa para ir al baño.

Especialmente cuando se es madre por primera vez, las dudas en este y otros temas del desarrollo del niño son comunes. El consejo de tus padres o amigos puede ayudarte, pero lo mejor siempre será escuchar a los expertos. No obstante, la información, debe ser adaptada a la personalidad propia del niño, pues cada uno es diferente y tiene su propio ritmo de aprendizaje.

“No existe una edad exacta para empezar a entrenar al niño en el uso del sanitario”, anota Lilian Rodríguez, psicóloga infantil. De acuerdo con Fredy Bolaños, pediatra, la edad promedio para que el niño aprenda a controlar sus esfínteres es entre los 18 meses y los dos años y medio. “Lo ideal es que ya hable y se movilice por sí mismo”, agrega la psicóloga.
Algunos niños logran este control alrededor de los 12 meses, pero cuando esto no se produce de manera espontánea, es mejor esperar. “Debe haber madurez fisiológica, cognoscitiva y emocional y, en esta edad, la atención del niño está en el desarrollo de sus músculos y en lograr equilibrio, no en controlar la orina y las deposiciones”, señala Adelita de Castillo, pedagoga y catedrática de la carrera de educación inicial en la universidad Rafael Landívar.

Para comenzar, Rodríguez aconseja llevar una especie de bitácora en la cual se anoten las horas en las que el pequeño suele orinar y defecar. De esta forma podrá tenerse una idea del patrón que sigue. De acuerdo con Bolaños, la mayoría de niños aprende a controlar la orina antes que las evacuaciones. Usualmente este proceso toma de tres a cuatro semanas.

Médicos, psicólogos y expertos en educación inicial aconsejan seguir algunos pasos básicos:

1. A su medida

Adquirir un inodoro portátil o de entrenamiento. Éste debe ser fácil de transportar “para que esté siempre donde está el niño, así aprenderá a identificarlo”, señala Bolaños. Aunque algunos pequeños piden utilizar el inodoro de los adultos y aprenden a hacerlo con ayuda de adaptadores, De Castillo explica que es preferible un baño pequeño, pues al tener los pies en el suelo el niño se siente más seguro. También es conveniente comenzar a utilizar pañales de entrenamiento que se suben y bajan fácilmente.

2. Juguemos a ir al baño

El segundo paso, dice Bolaños, es motivar al niño a sentarse con ropa en el baño portátil. “Comenzará a relacionar el baño con el momento de orinar o defecar, pero debe explicársele que lo utilizará cuando esté listo”. Lilian Pérez, psicóloga, sugiere el método de la modelación: “Uno de los padres, idealmente el del mismo sexo, puede colocar el inodoro del niño a la par del de los adultos y sentarse al mismo tiempo. Si hay un hermanito, también puede ayudar como modelo”. Esto debe realizarse una o dos veces al día durante cuatro o cinco días.

3. ¿Estás listo?

Iniciado el entrenamiento con ropa, debe preguntarse al niño si se siente preparado para sentarse en el baño portátil sin pañal. Debe permitírsele estar ahí durante algunos minutos aun cuando no haga nada. “El irá asociando: esto se hace todos los días y todas las veces que se necesita”, indica Bolaños.

4. Cada cosa en su lugar

“Cuando vuelva a defecar debe llevarse el pañal al baño del niño y llevarlo a él para que vea y entienda que este es el lugar para lo que está en el pañal”, explica el pediatra. Las psicólogas recomiendan aprovechar la presencia de algunos juguetes, para explicarle que tanto los seres humanos como los animales necesitan orinar y defecar.

5. Ahora, tú solo

Siguiendo el horario habitual, debe preguntarse al pequeño si está listo para ir solo hasta el inodoro portátil, bajar su pañal y sentarse. También puede dejársele sin pañal unos minutos antes. “Cuando sienta que el esfínter se está dilatando por la presencia de las heces, buscará solo el baño, indica Bolaños. Además, “el hecho de dejarlo sin pañal, es un acto de confianza que él también valora”.

6. Por la noche

Aprender a controlar los esfínteres por la noche es un proceso que, usualmente, toma más tiempo por lo cual es conveniente mantener el uso del pañal durante unos días más. De Castillo aconseja hablar con el niño: “‘hoy no te voy a poner pañal. Me avisas si necesitas ir al baño’. Al principio, habrá accidentes, pero poco a poco irá logrando control”. La educadora enfatiza que una vez iniciada esta fase, no debe volvérsele a poner pañal por las noches.

Ni presiones ni sobrefelicitaciones

La exigencia de los padres en cuanto al momento de comenzar a utilizar el inodoro, puede tener efectos negativos. “Si se le presiona, al ver el baño, el niño experimenta ansiedad y es probable que no pueda ‘hacer’ nada mientras está ahí”, señala Rodríguez. Pérez cita la teoría freudiana que plantea: “un mal manejo de la etapa anal, la cual se produce de los dos a los cuatro años de edad, puede causar traumas y marcar su carácter de por vida”.

De Castillo aconseja reconocer y felicitar al niño por sus avances en este proceso. “Se le puede estimular diciendo ‘¡Bravo!, ya eres grande’” sugiere. Para Bolaños, este aspecto debe ser manejado cuidadosamente, pues algunos niños se inhiben ante tales celebraciones y retroceden. “No debemos forzarlo, pero tampoco felicitarlo en exceso porque esto disminuye la satisfacción de logro”, explica el médico.

Cuando no avanza

Por lo general, los niños aprenden a controlar sus esfínteres antes de los tres años de edad. Cuando, cumplidos los cuatro años, no se logra avances en este sentido, es necesario realizar evaluaciones para identificar causas. Estas pueden ser de carácter emocional o físico. En el plano emocional, los niños pueden ser afectados por situaciones de estrés tales como maltrato, violencia intrafamiliar, separación de los padres, la llegada de un hermanito o un cambio de vivienda.

Las principales enfermedades que pueden impedir el aprendizaje son enuresis -emisión involuntaria de orina- y encopresis -incontinencia de materia fecal-. Tanto la enuresis como la encopresis pueden ser primarias -si el niño nunca ha logrado control- o secundaria -si, después de haberlo logrado, re­­­trocede-. Las causas pueden ser físicas o emocionales. En ambos casos debe determinarse la razón del problema y contar con ayuda profesional.

Hipertrofia de un esfínter, pólipos y megacolon -capacidad del intestino para retener heces hasta por una semana- son trastornos fisiológicos que se observan en menos del dos por ciento de los niños, anota Bolaños.

“Los padres deben referirse a los órganos genitales llamándolos por su nombre correcto. El tono de voz y la expresión corporal deben ser relajados”.
Lilian Rodríguez, psicóloga.

Lili Beteta
Modelos: María Marta Medina Arzú y Gabriela Villavicencio.
Fotos: Julieta Ordóñez
Fotoarte: Nelson Xuyá


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