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La vida, un premio tras luchar contra el cáncer



Décadas atrás el diagnóstico de cáncer era sinónimo de muerte. En la actualidad, los tratamientos médicos y la ayuda psicológica conducen al paciente a hacer un paréntesis en su vida cotidiana para someterse a terapias de recuperación y así resucitar a una nueva vida.

Austin Texas, octubre 1996. El ciclista Lance Armstrong se coronaba como Campeón mundial en ruta, pero una inflamación e intenso dolor en la ingle, pérdida de visión, migrañas y vómitos de sangre lo obligaron a someterse a exámenes médicos. El diagnóstico: cáncer en el testículo y una docena de tumores en los pulmones y el cerebro.

Toda la energía que el deportista había concentrado en cada competencia, la volcó en el tratamiento para su recuperación. Al año siguiente acabó la quimioterapia. Tuvo su primer hijo tras haber congelado parte de su semen antes de someterse al tratamiento médico. Su experiencia le sirvió para crear una fundación y escribir libros de motivación para las personas víctimas de cáncer.

Esta estrella mundial del deporte no es la única en experimentar una nueva vida después de casi perderla. En Guatemala más de 600 a 800 personas visitan diariamente el Instituto de Cancerología Dr. Bernardo del Valle S., INCAN, para recibir tratamientos de quimioterapia y radioterapia, o para someterse a análisis por la posible existencia de algún tumor. Hace tres años Esperanza Vanegas fue una de ellas. Tras 12 meses de exámenes médicos le dijeron que tenía un cáncer en grado cuatro y el tumor ya no estaba en el seno, sino había hecho metástasis en los huesos. “Los médicos consideraron que ya no valía la pena quitarme el pecho”, recuerda.

Si bien, el comentario era poco optimista reflejaba la realidad del caso, algo que responde a la sencillez y sinceridad con que deben actuar los médicos, indica Walter Meneses, psicólogo y coordinador del Proyecto Vida en Abundancia. Al paciente debe decírsele: “Tienes un tumor. No es que no tenga solución, pero es difícil; será un período largo de tratamiento. Es algo que podemos abordar pero necesitamos de tu colaboración”, sugiere el profesional, quien anteriormente fue sometido a una cirugía para la extracción de un tumor cerebral.

Esperanza Vanegas, aquí junto a su hija y su nieto, disfruta una nueva vida.
El miedo que provoca enfrentar la realidad

Recibir la noticia de padecer una enfermedad difícil de curar, ser operado y llevar un tratamiento intenso como la quimioterapia, provoca que el enfermo viva inconscientemente un proceso de duelo. La primera reacción es un mecanismo de defensa que se traduce en negación. “¿Por qué a mí? si yo me porto bien”, son comentarios comunes. La reacción se convierte en susto, llanto y deseos de huir debido a que “la sociedad nos ha enseñado que estas enfermedades son para morirse”, explica Meneses.

Posteriormente, la persona siente una profunda cólera, ira y actúa con rebeldía. Aunque las personas alrededor del enfermo intentan ayudarlo, es un error decirle “no se sienta así”. De acuerdo con el psicólogo, lo mejor es permitirle que manifieste enojo, depresión, ansiedad, miedo y luto. La reacción positiva de la familia debe ser: “te entendemos”, un abrazo y una sonrisa.

Los médicos atribuyen el temor a la ignorancia respecto de esta enfermedad. La mayoría de personas que llegan al INCAN no tienen un amplio conocimiento al respecto. “No han tenido una explicación de qué les va a suceder, sólo reciben la primera quimioterapia, ignoran los efectos secundarios del tratamiento y por eso algunos prefieren desistir”, indica Juan Carlos Bolaños, asesor médico del departamento de Prevención, investigación, educación en salud, de la Liga Nacional Contra el Cáncer.

Dentro de las instalaciones del INCAN funciona la Red de Sobrevivientes de Cáncer, donde se ofrece diferente tipo de ayuda a los pacientes. Ana Elizabeth Cruz de Mencos, vicepresidenta de esa organización y so­breviviente de cáncer en la tiroides, indica que muchas personas diagnosticadas con un tumor sienten miedo porque, además de pensar que van a morir, se asustan al enterarse del precio de los medicamentos.

El precio de estos tratamientos suele ser la limitante en el tratamiento de muchas personas con escasos recursos. El costo mínimo de la quimioterapia es de Q3,000.00. El mismo valor se maneja para un tratamiento de radioterapia con un método antiguo, pero uno menos agresivo puede llegar a los Q 22,000.00.

Una alternativa para la mayor parte de la población guatemalteca, cuyo salario no permite el pago mensual de estos tratamientos, es recurrir a instituciones u organizaciones que les puedan brindar ayuda económica, tal es el caso de la misma Red de Sobrevivientes de Cáncer. “Tratamos de que el paciente adquiera la humildad necesaria para tocar puertas a sus amigos y familiares. Les ayudamos a buscar colaboradores y a reunir los recursos necesarios”, indica Cruz de Mencos.

Mientras su vida estuvo amenazada por un tumor cerebral, inicialmente considerado canceroso, Walter Meneses (derecha) comprobó la importancia del respaldo familiar.
La vida continúa y cada día cuenta

Cuando la persona con cáncer llega a la etapa de negociación, se muestra dispuesta a hacer sacrificios tales como modificar sus hábitos de higiene y alimentación, a cambio de no perder la vida.

Fue así como Esperanza Vanegas se sometió a 12 quimioterapias y radiaciones diarias durante un año. Esto implicó eliminar de su dieta las carnes rojas y los alimentos crudos partidos con un cuchillo, excepto que éste fuera previamente desinfectado. Aun­que se le antojaban las frutas ácidas, tuvo que abstenerse porque éstas provocaban una reacción dañina en su organismo al recibir la quimioterapia.

Estuvo sin salir de su habitación por seis meses, se limitaba a las citas de la radioterapia y, tanto ella como su familia, debían usar mascarillas para evitar que cualquier bacteria atacara su organismo que, consecuencia de los tratamientos médicos, estaba bajo en defensas. “Vi gente que no tenía los mismos cuidados, una señora decía que salía a bajar la ropa del lazo cuando estaba lloviendo, creía que no le sucedería nada y murió de una infección, no de cáncer”, comenta.

Negociar consigo mismo la recuperación también implica empezar la etapa de aceptación, porque la gente debe aprender cuál es la alimentación idónea para su caso. “En la Red de Sobrevivientes les enseñamos qué comer de acuerdo con la enfermedad, pues hay cosas a las que uno se vuelve intolerante”, explica Cruz de Mencos.

En muchos casos esta etapa de negociación, amarrada al proceso de recuperación, provoca en el paciente un retroceso a experimentar miedo e ira. Siente depresión porque “a pesar del deseo de sentirse mejor, se le va a caer el pelo y en vez de ir para adelante parece que está retrocediendo”, agrega Meneses.

El psicólogo recomienda dejar a la persona sufrir esa depresión hasta que llegue a un nivel donde se sentirá dispuesta a buscar ayuda. Al aceptar la enfermedad y reconocer que ésta puede eliminarse, las personas recobran el ánimo y buscan la manera de verse mejor.

Este aspecto también es tratado por la Red de Sobrevivientes de Cáncer, quienes explican a los pacientes que no debe asustarles la caída del cabello, de las cejas y del vello púbico porque éstos volverán a crecer. Les enseñan cómo usar una peluca, cómo dibujarse las cejas y, cuando es cáncer de mama, asesoran a las mujeres para adquirir una prótesis y las orientan respecto de los cuidados y ejercicios posteriores a la operación.

Tras ganar la batalla contra el cáncer de tiroides, Ana Elizabeth Cruz de Mencos ve en cada nuevo día una oportunidad para disfrutar la compañía familiar y ayudar a los demás.
El poder de la familia

Todos los que conforman el núcleo familiar pueden influir positiva o negativamente en la recuperación de la persona con cáncer. Aunque la intensión no sea hacer daño, las personas que rodean al enfermo actúan en su contra cuando le ocultan los diagnósticos. Una forma positiva de actuar es hacer sentir importante al enfermo y algunas veces vale la pena sólo escucharlo, recomienda Meneses.

Cuando la familia se entera de que un ser querido tiene cáncer, lo normal es que reaccione asustada y culpe a los genes heredados. Es un error que los padres, los hijos o la pareja actúen sintiendo lástima por el enfermo, eso lleva a la sobreprotección y hace sentir al enfermo incapaz de moverse y buscar soluciones.

La noticia de que alguien en la familia tiene cáncer también puede llevar al aislamiento. In­clu­so cuando se trata de cáncer de ma­ma, “el 80 por ciento de las pa­cien­tes llegan con su pareja a la primera consulta con el médico, pero a la sexta, la compañía se reduce al cinco por ciento”, indica Hugo Raúl Castro, oncólogo del Instituto Guatemal­teco de Se­guridad Social, IGSS, y del INCAN.

Los médicos indican que el aspecto emo­cio­nal incide en la salud del paciente, como lo ha demostrado un estudio realizado por pro­­fesionales de la Universidad de California. Los investigadores analizaron a 291 hombres con cáncer de próstata, para eva­luar si las relaciones personales repercutían en la calidad de vida. El resultado evidenció que, si bien la disfunción sexual no desaparecía, sí se redujeron los síntomas urinarios.

El doctor Aaron Malakoff y la enfermera Judy Godínez, de la International Association for Hospice and Palliative Care, IAHPC, han visto cómo las relaciones familiares influyen en el estado de salud de los pacientes con cáncer. “Algunos dolores no tienen solución médica, sino son consecuencia de un problema espiritual. Cono­cimos a una señora con cáncer en los huesos, estaba conversando y se inyectaba 30 miligramos de morfina cada 15 minutos. En una ocasión la dejamos discutir a solas con su hijo, no sabemos qué hablaron pero la dosis se redujo a una diaria”.

Para la familia tampoco es fácil convivir con una persona que tiene cáncer. “Se cancelaron los viajes en el fin de semana, tenía que llevar todas las tardes a mi mamá para la radioterapia. Dejamos de usar lociones porque eso le provocaba náuseas, debíamos desinfectar la cocina con cloro a cada rato, no podíamos comer en la calle. Cambiamos la alimentación y todo era un gran esfuerzo económico”, recuerda Ericka María Recopalchí Vanegas, hija de Esperanza, diagnosticada con cáncer de mama.

Para superar esta jugada de la vida, tanto Esperanza como su familia se alimentaron de fe y mantuvieron una actitud positiva. Esta es una de las recomendaciones que hace el psicólogo Meneses. “Debe conservarse el ánimo, informarse acerca del cáncer, cómo superarlo y prevenirlo”, recomienda.

La salud se conquista a diario

El sobreviviente de cáncer debe mantener una actitud de prevención ante este mal. Después de haber superado un cáncer en la tiroides, Ana Elizabeth Cruz de Mencos ha comprendido que debe ser disciplinada para administrarse diariamente una pastilla generadora de energía. “Las personas limpias (curadas) de cáncer padecemos de otras cosas y, conforme envejecemos, debemos ser más cuidadosas con los exámenes de control”, comenta. Cuando tenía 32 años también le extrajeron un tumor de la matriz y, por ello, debe ingerir un sustituto de la hormona ovárica.

Pero los sobrevivientes de cáncer dejan claro que no todo ha sido en vano, como lo comenta Cruz de Mencos: “Muchas veces la vida no se valora hasta que se está en el filo de la navaja. Sobrevivir a la enfermedad es volver a nacer con la intención de hacer el bien sin importar a quién. Ahora tengo detalles como comprar comida para pájaros y alimentarlos, aunque no sean míos, porque son parte de la naturaleza, tienen su propia forma de vida pero llegan a mi casa”.

La situación es igual para Esperanza Vanegas, quien se siente renovada y considera que tener cáncer es sinónimo de lucha. Pero también su experiencia la motiva para hablar a otras personas de prevención y evitar que pasen por todo lo que ella vivió.

Código de prevención del cáncer

1. No fumar. El cigarrillo está relacionado con todos los tipos de cáncer del cuerpo.

2. Moderar el consumo de alcohol, ya que es el principal causante de cáncer en el hígado.

3. Evitar la exposición prolongada al sol porque produce cáncer en la piel.

4. Consumir frutas y verduras para prevenir los tumores del tubo digestivo.

5. Evitar el exceso de peso para no padecer tumores en el páncreas.

6. Acudir con el médico en caso de detectar una masa, ronquera y pérdida de peso.

7. Hacerse un Papanicolau después de los 18 años o de iniciar una vida sexual activa, una mamografía después de los 40 años y tacto rectal en hombres y mujeres a partir de los 50 años.

Las relaciones familiares influyen en el estado de salud de los pacientes con cáncer. El apoyo no debe expresarse como lástima o sobreprotección, sino como amor, fortaleza y respaldo moral.


“Sobrevivir a la enfermedad es volver a nacer con la intención de hacer el bien sin importar a quién”. Ana Elizabeth Cruz de Mencos, sobreviviente de cáncer.












































































Alejandra Cardona
Fotos: Jorge Morales

Fuentes: Asociación Guatemalteca Héroes de Esperanza. Juan Carlos Bolaños, Asesor médico del Departamento de Prevención, investigación, educación en salud, de la Liga Nacional Contra el Cáncer. Red de Sobrevivientes con Cáncer. Hugo Raúl Castro, oncólogo del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social y el INCAN. Walter Meneses, psicólogo y Coordinador del Proyecto Vida en Abundancia.


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