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Old Providence



A sólo 25 minutos de San Andrés está el aeropuerto El Embrujo, en la capital de Old Providence, al cual llegas en un bimotor Beechcraft 1900.  El vuelo en avión de hélices te anuncia un destino que es remanso de paz, en una isla aún virgen en muchos aspectos.

Sin centros comerciales ni grandes hoteles, la naturaleza caribeña se exhibe aquí en todo su esplendor.  Además, Old Providence forma parte de la rica historia del Caribe con sus recuerdos de incursiones piratas, plantadores ingleses e indígenas miskitos. 

Dice la leyenda que el corsario y navegante galés Sir Henry Morgan escondió ahí una parte de su tesoro cuando hizo su base en la isla, de donde zarpó para realizar su famosa toma de Panamá en 1671, lo cual le rindió, a él y a sus hombres, unas 100,000 libras esterlinas.  Hoy este archipiélago, declarado por Naciones Unidas Reserva Mundial de la Biosfera, suma a su agitada historia la maravilla de su herencia natural.

Parte de esa herencia es su cocina.  La gastronomía de Providencia, como se llama la isla en español, es de las más auténticas que encontrarás en la zona porque proviene de sabores de pura cepa caribeña: arroces con coco, peces de agua salada y patacones -rodajas de plátano bien fritas, extraídas del aceite un minuto antes que una platanina y que se consumen como el pan en nuestra mesa-. 

Y no falta el rondón -del término inglés round down-, un platillo de pescado, caracol, yuca, ñame y dompling, bañados en salsa de coco.  Otras especialidades son el cangrejo negro y la langosta, pero con la sazón isleña.  En cuanto a los postres, abundan los elaborados con coco.

La arena blanca, iluminada por un sol intenso, sirve como preludio al espectáculo marítimo que va del azul profundo al verde esmeralda.  El ir y venir de las olas te arrullará y refrescará con brisa delicada, gracias al agua cristalina verás una biodiversidad submarina encantadora y fotogénica. 

Pareciera que todas las playas, los mares y la arena son iguales, pero no, en Old Providence conspiran especialmente para agradarte, tal vez porque están allí, tal cual son, con poca intervención humana.  Te transmiten un sentimiento de inocencia y sencillez que los días, por tanto, transcurren tranquilos, sin estrés.

El mejor espectáculo en Old Providence es la naturaleza, sus peces y la enorme variedad de aves que surcan el cielo.  Incluso, de vez en cuando cruzará tu camino algún cangrejo curioso, cuyos ojos parecerán verte con el mismo asombro con el que tú lo miras a él.  Cuando te suceda, disfrútalo.

Durante la noche, si no buscas una zona parrandera en el centro de la ciudad o en una franja de la playa, no escucharás más que el reclamo de criaturas lejanas, animales de la isla desconocidos para nosotros.  Pero si prefieres el bullicio podrás correr a uno de los “shacks” playeros y disfrutar de un exquisito coco loco: agua de coco mezclada con licores y jugo de guindas.  Bajo sus efectos, los apenas 22 kilómetros cuadrados que abarcan la isla te parecerán un pañuelo.

Cercanos a la playa encontrarás albergues diseñados para que pases muy buenas noches.  Tranquilos, con servicios amplios, de arquitectura colonial construidos con mucha madera, te recordarán tiempos que se han ido.  No en vano Old Providence evoca una vida simple.

¿Qué hacer?

El día es ideal para realizar una circunnavegación en lancha.  Guías como Jennifer Archbold te ofrecen un recorrido que incluye atractivos naturales y sitios históricos.  La gira, dictada en español, dura desde las 10:00 hasta las 16:00 horas.  Entre otros accidentes geográficos encontrarás el Cayo Cangrejo, y si subes a su pequeño pico apreciarás como nunca las divinas aguas que lo rodean.  En el camino te toparás con la Cabeza de Morgan, una formación natural en roca que en verdad recuerda a una cabeza humana, y con un promontorio hendido, opuesto a ella, que los isleños llaman La nalga de Morgan.

Pasarás frente a la isla Catalina, un santuario reconocido así por decreto gubernamental colombiano, gracias a los esfuerzos de preservación de los isleños.  No podrás tocar tierra allí porque el ecosistema es delicado y lo habitan especies endémicas hermosas.  Además, frente a tus ojos se lucirá la tercera barrera coralina más grande del mundo, de unos 33 kilómetros de largo, en un estado de conservación envidiable a nivel mundial.

También irás al colorido puente flotante, cuyo centro está arqueado para permitir el paso de embarcaciones.  Si una pareja sube junta las gradas del arco, cuentan los isleños, permanecerá enamorada para siempre.

Si no te basta esta exuberante superficie y si sabes bucear, te espera uno de los destinos más visitados por submarinistas de clase mundial.  Podrás sumergirte a tus anchas en sitios como Stairway to heaven, ideal para inmersiones profundas, o en los alrededores de Cayo Cangrejo, donde basta el snorkel para disfrutar de la vida marina.  Pero si no sabes bucear encontrarás escuelas e instructores certificados por la Professional Association of Diving Instructors, PADI, en varias partes de la isla.

“Para subir al cielo se necesita una escalera grande y otra chiquita”, dice la canción La Bamba.  Old Providence, hermana menor de San Andrés, bien puede ser esa escalera pequeña, que te servirá para ascender a un paraíso donde las leyendas de los piratas permanecen vivas, relatadas en creole, inglés y español.  

Y tal vez descubras que el tesoro del viejo Morgan no tenía cofre ni doblones españoles, sino esa belleza natural de la isla y la dulzura de su gente, para que las disfrutes a cada paso.

El tesoro del viejo Morgan no tenía cofre ni doblones españoles, sino esa belleza natural de la isla y la dulzura de su gente.





Texto y fotos: León Aguilera Radford

Este viaje se realizó gracias a Copa


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