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1. El Mapa de la mujer: Aparato reproductor femenino
Ojos, nariz, boca, piernas, estómago, riñones, corazón, intestinos y glándulas suprarrenales son sólo algunas de las partes del cuerpo humano. Pero ¿qué hace realmente distintas a las mujeres de los hombres?
Una de las grandes diferencias son esas sustancias intangibles, pero tan nombradas: las hormonas, en las mujeres los estrógenos y la progesterona, y la testosterona en los hombres.
Desde que el sexo es determinado cromosómicamente en el momento de la fecundación, se empiezan a diferenciar ciertos tejidos que nos harán pertenecer a un grupo masculino o femenino.
A la quinta semana de vida intrauterina empieza el proceso de diferenciación celular y llegada la semana 12, el proceso está totalmente terminado. De tal forma, el sexo genético o cromosómico se determina en el momento de la concepción, pero a las 12 semanas puede saberse si es un niño o niña, explica el ginecólogo Rodolfo Rivera Arango.
Básicamente, desde el momento del nacimiento ya los órganos adoptan la forma que tendrán por el resto de su vida.
Si se realiza un ultrasonido en el cuerpo de un bebé puede verse que sus órganos reproductores han adoptado en un 90 por ciento la forma que tendrán cuando sean adultos.
Sumado a esto, los cambios que se dan durante la pubertad están centrados en el crecimiento y funcionamiento de estos órganos, más que en su morfología.
De adentro hacia afueraOtra diferencia son los órganos sexuales secundarios, llamados así por su respuesta al estímulo hormonal.
En este grupo se encuentran las glándulas mamarias, el cabello y vello, que en los hombres es más abundante, y la piel, que responde a las señales hormonales a través de su textura y apariencia, explica Arango.
Las cuerdas vocales también son sensibles a los efectos hormonales, ya que el timbre de voz es distinto según el género. De esta cuenta es grave en los hombres y agudo en las mujeres.
Algo no anda bienDurante el proceso de diferenciación celular pueden ocurrir cosas anormales que luego se manifiestan en enfermedades.
Los primeros trastornos del aparato reproductor femenino son evidentes durante la adolescencia.
La primera anomalía es la pubertad precoz, la cual se manifiesta con la llegada de la primera regla en niñas menores de ocho años. Mientras que la tardía no aparece sino hasta después de los 17 años.
Se considera como normal cuando la pubertad tiene lugar entre los 8 y 16 años con la llegada de la menarquia o primer período menstrual.
Seguido a esto, se hacen visibles todos los cambios sexuales secundarios como aparición de vello axilar y púbico y el crecimiento de las glándulas mamarias.
Esta etapa es considerada por los médicos como una fase de crecimiento rápido.
Por otro lado, los ginecólogos consideran que en promedio la primera menstruación o menarquia se presenta a los 11 años.
El primer período menstrual desencadena el perfeccionamiento funcional de los ovarios, que incluye la producción de hormonas como la progesterona y los estrógenos, más conocidas como las hormonas femeninas.
Cuando el proceso anterior cambia se producen lo que los médicos designan como alteraciones menstruales.
El doctor Arango explica que es normal que en los primeros dos años después de la aparición del ciclo, se presenten ciertas irregularidades.
Pasado ese tiempo se consideran como anormalidades y el tratamiento consiste en utilizar un regulador hormonal por un período de tres o seis meses en casos leves.
Otro trastorno son los dolores menstruales relacionados con el ciclo, para su estudio y tratamiento han sido clasificados en dos tipos: el ovulatorio y dolor menstrual o dismenorrea.
El primero es provocado por la ruptura de un pequeño folículo en uno de los dos ovarios, éste a su vez se convierte en óvulo. Este desprendimiento sucede de forma alterna en un ovario cada mes, eso supone una microhemorragia interna que provoca dolor.
En lo que se refiere a dolor menstrual o dismenorrea, se manifiesta antes del sangrado menstrual y en algunos casos es severo. Normalmente disminuye al pasar los días del ciclo.
En algunos casos su presencia está relacionada con la posición del útero, ya que se inclina hacia adelante o atrás y es sostenido por seis ligamentos, cuando la hemorragia se produce, se forma una especie de codo en el canal vaginal que obstruye la libre salida del sangrado. Cuando la sangre trata de pasar por esta vía, el útero tiene que contraerse con fuerza para lograr expulsarla, lo que causa dolor.
En otras palabras, mientras más fluido menstrual se acumula en el útero, mayor es la presión que debe ejercer su musculatura para sacarla.
En estos casos se recomienda el uso de analgésicos, aunque un 10 por ciento de las mujeres no se alivian con este tratamiento. Este dolor puede padecerlo casi el 50 por ciento de las mujeres, indica el doctor Arango.
Karla Rímola Molina Fuentes: ginecólogo Rodolfo Rivera Arango,teléfono: (502) 2363-2771, ginecólogo Luis Fernando Rodas, teléfono: (502) 2360-3304, cedarcima@c.net.gt, Manual Merck.
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